Buscar perspectivas en ojos de luna nueva,
ese mismo fue su error.
Una cruz que nació con ella,
de la mano como almas gemelas.
Cosidas con hilos negros,
de los que dejan cicatrices,
su suerte se retorcía.
Negro.
Color de anunciación,
señal,
marca.
Imborrable sentencia de firma permanente,
que sube hasta su garganta y
la asfixia.
Correr y frenar al ver muros,
de piedra y espinas,
de miedos y sombras.
La libertad huía y
ella la perseguía.
Una carrera de relevos,
en la cual las ganas y
las prisas,
junto con manos temblorosas,
se atropellan y se empujan.
Caída libre por barrancos,
por piedras que arañan,
que rompen,
que corrompen.
El suelo se desploma conforme avanza,
los pies escapan del vuelo sin alas.
Las rodillas giran,
los ojos miran,
la boca seca,
las manos arden y aprietan.
Suelo inexistente.
La Luna apareció en el cielo,
silenciosa y sempiterna,
mirándola con altanería.
El suelo avanza en caída.
Luna y ella se miran,
se miden,
se hablan en silencios prolongados.
Las estrellas se iluminan.
El cielo se torna de negro.
(como aquellos hilos)
Cae.
Se apaga.
El destino existió para ella y
fue más ambicioso que su alma.
martes, 16 de julio de 2013
Luna nueva
domingo, 14 de julio de 2013
Vayan haciendo sus apuestas
Ni las panteras,
elegantes carnívoras que arrancan tripas,
podrían sobrevivir en esta jungla urbana.
Ni ellas,
ni siquiera por un día.
Edificios que devoran la verde vida,
gases que absorben espíritu y aliento,
fríos hierros que separan cuidades,
dando lugar a líneas rectas y
desdibujando lo perfecto de este imperfecto mundo.
Las curvas de este redondo planeta,
forzadas a ser más flexibles por manos,
(ambición, poder, egocentrismo)
manos de hombres y mujeres.
Forjar y destrozar para dar paso,
inexorablemente,
a troncos de cemento,
a humo negro,
a rastro de devastación.
Destrucción revestida de progreso.
Evolución a la fuerza,
(obligación, ley, opresión)
que fuerza a la fuerza a distendirse,
dejando tras de sí lágrimas verdes,
colores marchitos,
azul cielo manchado de gris.
Espinas y espigas crecen,
rojo se derrama el precio a pagar.
Hombre versus Madre,
vayan haciendo sus apuestas.
martes, 9 de julio de 2013
El amanecer
Cama, imperio de conquistas consumadas en bares de carretera.
Sábanas, olas que desembocan en cuerpos desnudos,
unidos por más que palabras.
Almohadas, que sostienen en sus brazos,
fuertes y gruesos,
sueños y gemidos de soledad y goce.
Disfrute de noches y amaneceres,
dulce embriagadez que dura pocos segundos,
pero toda una eternidad para ti y para mí.
El cielo queda inmóvil y las estrellas,
dueñas de secretos inconfesables,
se ríen de tanta electricidad en la tierra.
Ojos que congelan instantes,
fotografías en blanco y negro de labios,
todos diferentes,
que se tocan y se devoran.
El ritmo es pausado y aumenta con cada tic y con cada tac.
Lenta y dulcemente se derraman las mieles del éxito.
Tuya, mío, al fin.
Manos que aprietan y poseen,
espaldas que se tuercen,
lenguas que lamen cada rasguño.
Dientes, dientes que se afilan,
que brillan, que muerden.
Uñas que irrumpen en la piel,
dejan a su paso (imborrables),
marcas que se hunden en la carne.
Todo se consuma con un beso.
El beso.
Miradas que se derriten,
somos náufragos ya de una noche más.
No sabemos nuestros nombres,
ni nuestro pasado,
ni el presente si quiera.
Solo sabemos con firme certeza,
que fue el amanecer más encendido de todos los vividos.
Shhh
El viaje entre árboles siempre la convirtió en pájaro,
flotando entre las nubes verdes de los troncos,
en cuyas heridas se refugiaban seres pequeños y ruidosos.
De correteo en correteo acariciaba las plantas,
hojas afiladas y olorosas que revestían,
elegantes,
los cuerpos desnudos de la naturaleza.
Ninfas que brincan de puntillas,
alas que reflejan la luz formando un caleidoscopio de colores,
gnomos de rojas mejillas
y duendes de puntiagudas orejas.
Los cuentos que evocaban pequeñas aventuras,
pasaron a tornarse realidad.
Aquella niña de pequeño talle se enfrentaba,
risueña, a las sombras que se enredaban en el suelo.
Un tropezón causado por el aleteo de un hada.
Punzada en la rodilla.
Morado.
El dolor no es razón que impida seguir latiendo,
incansable,
a través del campo.
Ríe y sueña la pequeña convertida toda en golondrina,
piando y cantando melodías de juegos,
de sueños.
La noche llega.
Silencio, una soñadora está despierta.
Café a solas.
Entre café y café,
dejemos que el olor inunde nuestros sentidos y
llegue hondo al centro de nuestro ser,
para que arraigue en él y plante,
de forma permanente,
las semillas amargas de un romance,
inconformista.
Encendamos unos cigarros,
con cerillas, seamos diferentes esta vez.
Que el fuego queme nuestros dedos,
y que las huellas se corrompan con las llamas.
Ese humo que sale de tu boca,
dulce, inocente,
asfixia mis miedos más profundos
y saca a la luz las ganas que una vez rodaron por las ásperas montañas,
como duras rocas que se deshacían con los golpes.
Humo consistente que se plasma en mi piel,
oleres a café y tabaco,
a triunfos y glorias,
a vida en los labios rojos,
en la lengua roja,
en el rojo vida y brillante del alma.
Flores marchitas encima de la mesa,
en un jarrón que suplantan su belleza,
la naturaleza tiene envidia de la porcelana barata
(quién lo diría).
El reloj de la cafetería marca la 1:00,
ambiciosas son las manecillas que juegan con la vida,
inexorable el tiempo que vuela entre los dedos y nos separa una noche más.
Esta vez, tú, hombre de mundo,
te irás por donde viniste sin recordar mi nombre
y tus días seguirán como sigue el reloj
(quietud, rutina, olvido).
Equivocarme de ojos para morir en otras cuencas vacías de fantasía.
Chispa que no nace y se queda.
Párpados traicioneros.
La brújula que me condujo hacia ti debía estar rota.
El sabor amargo del café impregna mis labios con cada sorbo,
mientras veo cómo cruzas,
sin más,
la puerta que chirría.
Yo, sentada frente a la ventana.
Borrosas imágenes que pasan con miradas vacías,
como la taza que tengo en mis manos.
Café, ahora solo quiero eso.
Rojo
Despertar en las nebulosas de sus ojos
y descubrir que no hay estrella
que ciegue más que sus pupilas.
Frías y cortantes masas azules giran
y se retuercen siguiendo un ritmo letal,
empujando a entrar en las cavidades de tu ser.
Carencia de alma en su cuerpo de ángel,
garras que se ciernen en torno a los pulmones,
pies paralizados.
La sangre brota y corre por la garganta,
empapando la lengua de su espesa rojez.
Denso líquido que invade y conquista arterias,
librando luchas con cierta ventaja entre los ríos de vida,
ondos conductos que puntuales entregan el sacrificio al corazón,
donde muere y renace como una bola de fuego prendida a lengüetazos.
Nacer y morir en un instante
(en una llama, en un suspiro)
para explotar y tintar el Cielo de burdeo imborrable.
Su azul se difumina y las sombras lo conquistan
(silenciosas, como siempre).
El reino de ese ángel celeste se rinde,
ese ángel que una vez arrancó alas de cuajo y
sentenció almas a ese pozo sin fondo que es la Tierra.
Rojo fuego, burdeo, masas de negro y oscuro morado.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgan hacia las nubes,
agitando en alto sus huesudos y escarlatas brazos,
empuñando,
entre sus dedos desprovistos de carne,
plumas con las que escribirán versos eternos en un Cielo que nunca los soñó.
Estático rojo que flota en el espacio,
devorando profundos azules de eterno Sol.
lunes, 8 de julio de 2013
Involución
Alma en pena profunda e insondable luto por cabezas huecas que vienen a la vida. Incuestionables las razones para vestir oscuro y mirar cabizbajo a los hombres.
De costumbre en costumbre y de intolerancia en intolerancia van creciendo y ya su conversión en borregos será inevitable. Masas de ricachones manejan el mundo, reino de labios envejecidos de lenguas viperinas y salibosas, de grandes verdes son recubiertos sus bolsillos y sus dedos decorados de oro se mueven burlones al manipular la oquedad y hacerla suya, recaudando hombres que serán transformados en tonos de grises y azules y negros, colores oscuros y fríos que no hacen por retorcerse entre las garras del poder.
Pasividad ante la vida, cuestiones que no llegan a salir de la garganta pues el cerebro se atrofia por el paso del tiempo y su deshuso. Depreciación de la sociedad no por su uso, sino por su falta de lucha o empatía, por su carencia de logros o diálogos, por la ausencia de integridad y evolución. Ausencia. Carencia. Falta. Se echa en falta la responsabilidad y la utilidad de la mente, mecanismo imprescindible para formar pensamientos y convertirlos en hechos, pieza única para alcanzar metas y respetar al vecino, engranaje que da vueltas no por inercia sino por la fuerza de los razonamientos.
Echar de más las tradiciones que esclavizan la condición de ser humano, que clavan puñales a madre Naturaleza en su costado una y otra vez, dejando a su paso senderos de sangre noble derramada de forma injusta.
Pocos son libres, muy reducido el número de hombres. Abundan los robots, los hombres instrumentados que cumplen la función que el poder les impone. Echar de menos ojos sinceros, espíritus fuertes y entereza en la mente.
Ojos vendados por la poca capacidad de dudar, por la atrofiada experiencia en ser autosuficientes. Complejo de Poncio Pilatos y Judas Iscariote. Traición al hombre y a los seres que lo rodean. El mayor error, creerse dueño de la vida y la muerte. El peor logro, creerse libre cuando la mente es manejada por la cúspide. Incógnita, ¿será capaz de querer romper las cadenas?