Supongamos
que una tarde se nuble
y aúllen los lobos bajo las alfombras
yo tenga fiebres
y me esconda.
Supongamos
que el pintalabios haga mella en tu piel
cabalgando entre marcas de otras guerras
y los soldados se rindan.
Que el polvo se levante
indignado
de los muebles
y se alce viento en popa
machacando con sus puñitos
los bostezos.
Quizá
se te enrede el pelo
y tengamos que llamar a urgencias
por una emergencia capilar
que afecte a tu identidad.
O solo nos quedemos ahí parados
enfrente del espejo
jugando al escondite con las sombras que se reflejan.
Supongamos
al menos
que una mañana nos despertemos
y vistamos las tristezas de lunares
que se arranquen por bulerías
que se desmayen del nervio
que hundan el techo con los tacones.
Dibujando realidades con colores
flúor
que llamen a gritos a las llamas
que se haga toda la cama cenizas
que estallen las bombillas y la oscuridad huya
que se lancen en carrera las escaleras
tropezándose unas con otras,
de forma que la bajada sea solo
una entrada al cielo.
Y cuando quede todo hecho
un caos verdadero,
cuando los cristales bailen entre nuestras manos,
cuando las vecinas
con rulos
griten que nos callemos,
levántate como Lázaro y anda
para ordenarlo al completo,
que yo hoy
no estoy para locuras.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Suposiciones de un ama de casa cansada
Se apaga
Bienaventurados sean todos aquellos
que te pudieron seguir en procesión
hasta tu altar de voces sin fondo
y golondrinas de neón
que rayan el cosmos en tu frente.
Peregrinos que se adentraron
en ti
empujados por una gravedad
que evoca olas
por las que surfean los milagros
en bañadores
de trazos entreabiertos por la sal.
De rodillas ante tus cielos de azul fuego
rezan los creyentes que te suspiran
con las manos unidas a punta de labios
y pecan cuando se atreven
a mirarte a los ojos
desde fuera
hacia dentro.
Como abrir una puerta en una cascada
que caiga fuerte sobre el pecho
y lo corrompa.
Como retar a las cenizas en fugacidad
y atraparlas en oxígeno que flota
por estrellas rebosadas
de tantas manos con ansia de volar alto.
Bienaventurados sean todos aquellos
que a pies descalzos van bebiendo tus pasos
entre caídas y golpes de costado.
Y ante las puertas de oro
que se abren solo para dejar entrar
y no salir
te exclaman que vuelvas a sus tierras
para que las riegues de hondo placer
y renazcan con aleteo de esperanza.
Pero vuelas
y te alejas
para que nadie te atrape entre halagos
que no te llevan a otra cosa
que a encerrarte en cárceles de rosas
sin espinas
y de plástico.
Y sigues volando
hasta que en tus piernas solo queda dibujada
la palabra libertad.
Cuando caes con los brazos abiertos
e inertes
sobre tu cabeza
y te deshaces de las cadenas,
sonríes
y el mundo
sin pensarlo dos veces
se apaga.
Analizar fantasmas
Analizo las caras de las marionetas
por si alguna siente el miedo
ante la necesidad de salir corriendo
y enredarse con mis cuerdas.
Las analizo por si alguna de ellas
se plantea la idea de beber cócteles molotov
y explotarles en las pestañas a los de arriba.
A los de nube los apunto con mirada de crimen
y amenaza de grito que raja
y empuja
y mata.
Porque destripar ilusiones no gusta
y joder se les da muy bien.
Tal vez deberían dar cursillos intensivos
de cómo llevar trajes sin vergüenza
y corbatas que mantienen el cuello erguido
cuando le hablan a sus bolsillos.
Es magnífico,
es sideral,
es astronómico
y sin rozar lo vulgar
el analizar y destripar razones
para acercarme o matar.
Como un tigre que lanza sus uñas
y abalanza sus ganas al vacío
para llenarlos de algo más
que facturas y deudas que se acumulan
encima de su lomo.
Los hilos aprietan las muñecas
pero
¡cuidado!,
los cuchillos de escáner existen
y queman a la vez que descuartizan
elegancias revestidas de gestos maníos
y bigotes de rata.
Estafadores de vidas todos los del palco
y luchadores del silencio en las gradas.
Esta es mi conclusión:
existir suspendidos en la porquería
y pisoteando hormigas
no sale rentable,
porque las hormigas
cuando tienen hambre
muerden cimientos
pero también tobillos.
Donde nadie nos ve
Parada en mitad de la habitación
ventanas y a corazón abierto
y cortinas que ondean como la vela de un galeón
pirata.
Parada de ojos cerrados y boca abierta
como un buda de oro
pero más pesada.
La cabeza se inclina hacia atrás
y se arroja al precipicio del inconsciente.
Volando con alas de acero
en mitad del desierto de cristal y hielo.
Por laberintos que arrastran corrientes de fuego
por labios sedientos de sueños
por grietas que van desde dentro hacia afuera
y viceversa.
Persiguiendo el olor a muerto recién vivo
que se enreda en los balcones a media noche
y se emborracha con la absenta de los besos
a media voz
y de plata.
En las farolas orinan los indigentes
y los gatos que maullan bajo las puertas.
Donde nadie los ve
y se sienten dueños de la ciudad
entre tanta mierda y jeringuillas de rojo y cielo.
En el inconsciente me siento y espero
hasta empaparme los ojos de realidad.
Me miro al espejo
y cruje dentro
fuerte.
Lo rompo en mil pedazos
con manos de temblor gimiendo,
se mezclan con las paredes
y se creen rompibles ahora que alguien les ha dado un pellizco
con la furia
de los párpados.
Donde nadie nos ve
somos seres únicos
e irrompibles
que vecen reflejos de tinieblas
y les ganan carreras
a la vida.
martes, 20 de agosto de 2013
Desahucio de sentimientos
Las tardes se amontonan bajo sacos de cal
y se van erosionando creando agujeros
por donde escapan las ganas.
Las hojas se van tostando
y sus venas se solidifican sin dejar pasar la vid
de la vida.
Las nubes no tienen fuerzas ya
para hincharse o insuflarse gas
y se vacían y se marchan.
El cielo es solo un montón de agua
donde se hunden barcos de papel
y peces con alas.
Las agujas del reloj se vuelven bulímicas
y vomitan instantes congelados y rebozados
en el aceite que engrasa su maquinaria.
De repente explota la memoria
y las fotos inundan la casa
ahora vacía
y destripada.
Cuando saliste por la puerta de entrada
cometiste el error de mirar tras tu espalda,
verme en los ojos la tristeza
y los gritos ahogados.
Las gargantas se quebraron
los pies aceleraron
y se cerró la tijera sobre los hilos
que nos suspendían
como si hubiéramos alcanzado el nirvana.
Las tardes se siguen amontonando
hoy
ayer.
Pero mañana las forzaré a mudarse
al desván
por mucho que deseen echar raíces en mi pecho.
Es hora de desahuciar sentimientos.
Cambiaste y perdiste
La ausencia se crece al brillar por su reflejo
alimentándose de sombras y bocas vacías.
El sol cae y rueda
y se convierte en peonza de fuego que ruge
para continuar su peripecia
hasta la extinción del hielo.
La luna se besa la espalda y su silueta oculta
se mantiene erguida
levanta una mano
y saluda a los tejados.
Mientras el universo se contradice y tú no está,
la cama intenta pecar al mentirse
y contarse cuentos con final incierto,
envidia otras habitaciones
y entonces calla entre lágrimas de almohada.
Cuando no estás
los jinetes que arrancan flores presas
pasan en carrera por mi frente
y se esmeran en trotar en mis sienes.
Y es que ni el vino arregla mi desorden,
ni la poesía se afila
y te clavan cuchillos en el alma.
Porque tú manejas los hilos,
haces budú en las esquinas
procurando esconderte de las luces de neón
de esta jungla urbana
en la que las panteras son devoradas
y las hienas ya no se ríen
frente a su víctima.
Tú convertiste este mundo en osadía
con tus manos vagando de estrella en estrella
y tu pluma rebentada en mil gotas de tinta.
Ya no eres el cuerdo de antes,
verso en mano
y estrofa en párpados.
Ahora solo eres una esfinge que se tumba
en la arena
y observa cómo se hunden los corazones
que tocas a la deriva.
Quedaste en el fondo de todos los cajones
por los que pasaste,
en mitad del odio y el olvido.
Por ello la vida pasa de largo ante ti
sin rozarte las faldas si quiera
y te mira desde la distancia:
porque hielas aunque ardas.
Y eso,
te jode.
Siempre que apareces a tiempo
Tocando la tierra estoy
atada de pies y manos
mientras las suelas pisan
y las piernas
flotan.
Vuelo boca abajo para que los pájaros
no me taladren las alas
se mofen de mi caída
me manden al infierno de un bramido
y me piquen los ojos a mansalva.
En un torbellino de calendario que chilla
por salirse de cuentas
y parir un poco de interés por el mundo
que parece que escasea.
Dando vueltas sobre mí misma
con las pestañas enredadas
y los suspiros atascados en la laringe.
Una voz que lame la carne por salir a nado
en mitad de la nada y el en centro mismo
de la incertidumbre.
Una voz que se ahoga en un vaso
tan diminuto como sus acordes
y tan frágil como su cuerpo de cristal.
De ecos estoy llena
con huracanes de ausencias
y la brújula rota colgada de la frente.
Me arrojo al asfalto buscando piedras
hechas de esperanza
y tropiezo con el hastío gris
que rodea esta tierra inerte que ladra.
Los cabellos se me salen y se encajan en sitios inverosímiles
se apartan para dejar ver el cráneo golpeado
y se retuercen.
La cara contra el suelo
y los sueños en polvo.
Todo es morado en este cuadro
con un marco de puntas que corta ropas
y dejan desnudos los cuerpos.
Cuerpos de oscuridad como el mío
que peca de subcielo
y no llega nunca al firmamento.
No, ya no vuelo.
Y los pies se me enredan en la corteza cruda
de la Tierra.
Pero es entonces cuando se alza una sonrisa
entre todas las demás
se dirige a mí
me tiende la mano y lo veo
inmaculado y sereno.
Y está ahí de pie
mirándome como un tonto no mira al dedo
mis piernas se despegan de la lava
y salgo de los grises,
salgo de tan poco para quedarme en tanto
en el tanto que queda por vivir
y rozar con los dedos.
Ganarle una carrera al cosmos
desnudos ante el miedo
y tentar a la suerte
para que tiente al miedo,
cuando llegas a tiempo
para sacarle la lengua.
Porque la eternidad es lo que nos falta
por acariciar
y tendremos barcos sobre los que navegar
y emborracharnos
cuando la noche nos ofrezca un tercio
de infinitud.