viernes, 13 de septiembre de 2013
Sin rastro
Puñal en la herida
Gravedad
jueves, 12 de septiembre de 2013
Antítesis
Ayer mismo creí
en un mañana
que fuera el grito de hoy.
Reminiscencia perpetua
de los ecos
de manos sordas
que una vez
fueron águilas
de gloria.
Aparente
Las palabras sintéticas fingen
ser incrustaciones en metal incandescente
cuando lloro sonrisas por los dientes
y se arrojan por mis precipicios
temblores de cascadas sesgadas.
Arde
Te deshaces en cielos entretejidos,
licor de labios mojados,
por alambres de redondas esperanzas.
Rodando por pendientes de carne
te enredas como el abandono a las espaldas
y tu cuerpo gira
con el crepitar de los troncos y el viento.
Navegan los barcos por tus pupilas
mientras las dagas escupen sus finales
al reflejarse en tu iris de eléctricas mareas.
Eres luz de todas las sombras,
espejo de glorias,
ensueño de rejas,
susurrar de lemas sobre hombros
en ruina.
Con tus manos fuertes
de gigante sin molinos
riegas los muslos de azul
prendido en amaneceres
sin caducidad ni calendario.
Lo aparente se desnuda
l e n t a m e n t e
dejando volar sus ropas
junto al aire en combustión
que mana de tus bocas.
Te rehaces en cada verso.
Te naces en cada estrofa.
Te haces poema.
Tinta imborrable
que deambula
arrítmicamente
por las venas.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Voraz
Se rompen las miradas
cada vez que las esquinas se desdoblan
intentando huir a lomos de escaleras
que no saben hacia donde bailan.
Cuando los abrazos son tierra de nadie
y los fuegos se consumen
con el suspiro de golondrinas enfermas,
bisontes en celo penetran
en las calles de la niñez
buscando hadas dormidas
para despedazarlas en retales
sin horizontes.
Arrugada en mil hojas secas
la primavera aguarda hambrienta
en las maletas,
hasta que sea tocada
-sin anillos-
su nariz presurosa
con yemas de pez
que nada por ver.
Se rompen las miradas
y los besos de escarcha
con el crujir de perfiles sin sombra
sobre el surco de muslos
ausentes.
Cristales que se suicidan
por el precipicio de sienes,
espuma amarilla
que mana de pupilas de hiel.
Asfalto en los pulmones
de niños sin gargantas,
hálito incorpóreo de reflejos quebrados.
Las esquinas que se desdoblan
se ríen a carcajadas,
clavando dardos efervescentes
en tobillos
mientras las huellas se doran
con el rubor de la sangre recién nacida.
Bajo el manto de un camino
que se cierne sobre sí mismo,
la infancia apuñala
costados de hierro
soñando hacer suyo el verano
y robar zapatos enjaulados
en plena aridez de cieno.
Un intento de bajar el cielo
al infierno
se dibuja en comisuras
como paréntesis
conscientes
de nuevo asalto.
Las fauces del Lobo,
a veces,
no son tan oscuras
como las del Hombre.